La cantuta o khantuta es la flor nacional o emblemática de los bolivianos, y de ella nos habla esta antigua y bellísima leyenda. «La leyenda de la Khantuta» pertenece a una de las tradiciones indígenas del país suramericano, que se halla situado en la llamada altiplanicie boliviana. Bolivia es a la vez uno de los países más fascinantes y peor conocidos de las Américas. Comparte con el Perú un sustrato cultural precolombino que comprende no sólo la tradición incaica, sino también la de los urus, los chipayas y los aimaras, e insertándose en esas tradiciones milenarias, complementándolas, y complementándose, la tradición hispánica de la conquista y colonización españolas, que evolucionó con los años, y la independencia del país actual, hasta dar lugar a una sociedad criolla, es decir, culturalmente mestiza, y a la que continuarían sumándosele con posterioridad otros componentes europeos y americanos.

La leyenda, expresión artística que parte de la tradición oral de los pueblos antes de volverse forma literaria, es característica del rico acerbo cultural de muchas civilizaciones, y se le encuentra en todas las esquinas de la tierra.

En «La leyenda de la Khantuta» observamos paralelos interesantísimos con el «mito de Prometeo» que corresponde a la tradición helénica. Prometeo, a quien los griegos antiguos colocaron entre los dioses del panteón sobre el que reinaba Zeus, (Júpiter para los romanos), ansiaba ayudar a la raza de los hombres y para ellos robó el fuego divino, por lo que se convirtió en el protector y héroe de estos. Pero su acción constituyó asimismo una trasgresión del orden impuesto por Zeus, quien lo castigó por considerar su gesto una traición y una desobediencia imperdonables. Por fortuna para Cuurmi, el héroe de la leyenda incaica, el rey de los dioses (Wiracocha) es más condescendiente con su hijo y con los pobres mortales por quienes éste siente compasión, y el vehemente deseo de compartir la belleza que atesora de manera que sus vidas sean más llevaderas.

 

«La leyenda de la Khantuta»

(Leyenda boliviana)

(Tomado del libro Brujerías, tradiciones y leyendas, de Antonio Paredes Candia)

 

-1-

 

Sentado en una oquedad andina, el dios menor Cuurmi, Arco Iris, lamentábase de su suerte. Soslayando su pena, lanzaba a los vientos, rato a rato, su liwiña tricolor, [la] que formando una gigantesca parábola iba a tocar la cúspide opuesta. Así mataba su tiempo; luego, cansado de su juego y de espectar la belleza que él mismo irradiaba, nuevamente recogía su liwiña para seguir rumiando su tristeza.

-Es sin objeto la belleza que dura sólo instantes. ¿De qué sirve que yo sea el poseedor de todos los colores? ¿Por qué debo retenerlos en mí? ¡Oh! triste suerte del Dios

joven, cuya belleza es como un fuego fatuo. ¡Oh, padre Wiracocha, permite que este manantial guardado en mí, aquiete los afanes de belleza, que son sed de amor en esos pobres seres, tus mortales criaturas!

El Dios Kjunu, dios de las nieves -venerable entre los dioses por su edad- vestido de alba yacolla desde lejos escuchaba los lamentos, y nada podía hacer para consolar al joven dios.

Cuurmi lanzaba nuevamente su liwiña para después sumergirse en el sopor de su tristeza.

-¡Oh, dolor de fuego que enciendes mis entrañas! ¿Por qué debe morir en mí lo que puedo compartir con los humanos?

Y el venerable Kjunu ensombreció el horizonte con su aliento para que las quejas del dios joven no enturbiaran su corazón.

 

-2-

 

En la espesura de algunos valles del dilatado Kollasuyo, crece una planta, cuyas flores, campánulas blancas, en cierta época del año, al roce de un ligero vientecillo, hacen vibrar sus estambres y pistilos, tan intensamente que tañen melodías de singular belleza. Los aborígenes [de esta región] la llaman Khantu y le atribuyen poderes inspiradores para los músicos que se acercan a [aspirar] su fragancia.

 

-3-

 

Wiracocha, padre de [los] dioses, escuchó las lamentaciones del dios joven, se dolió hondo y buscó la manera de amenguar la tristeza de Cuurmi.

Lo llama, severo, y le recrimina:

-Tus afanes, son impropios de tu calidad. Sólo el hombre, mísero mortal, vive y muere transido de eternidad. Tú eres progenie de dioses. ¡Los dioses son eternos como efímeros son los hombres! He escuchado tus lamentaciones y como padre tuyo he hecho mía tu desesperanza. Escucha Cuurmi, joven impetuoso e impaciente, a Khantu la bella flor, inmaculada y virgen que vive en los bajíos del Kollasuyo, la desposarás cuando mamá Pfajsi, madre luna, se encuentre en el cenit.

Cuurmi obedeció a su padre y en una noche de luna, translúcido de palidez y tembloroso de amor, atrajo a su pecho a Khantu. Aspiró profundamente su fragancia y ella, la campánula alba, se impregnó de los colores de Cuurni.

Del raro acoplamiento germinó una hermosa flor con los tres colores del Arco Iris: rojo, amarillo y verde.

 

-4-

 

Wiracocha, pleno de dicha, observó su milagro, y ordenó a Huara-tata, dios de los vientos, que esparciera por los cuatro horizontes del Kollasuyo la semilla de Khantu, para que así Cuurmi cumpliera su deseo de eternizarse en la tierra.

-5-

 

Ésta es la leyenda de la Khantuta, flor imperial para los incas, y símbolo patrio de la República de Bolivia.