anosotrosrojo1

anovedadesazul1

arevistaazul1

acreacionazul1

acatalogoazul1

aresenasazul1a

apeliculaazul1a

aarchivoazul1b2

acontactenosazul1a

Emilio Ballagas

Nocturno, Poema impaciente, De otro modo, Nocturno (Otro)

Dulce María Loynaz

Isla, La hora, Miel Imprevista, Soneto, El madrigal de la muchacha coja

Manuel Díaz Martínez

Balada del tiempo que vivimos, Vivir, Reino de silencio, Fábula del tiempo

María Carrillo López

Una vez a la semana

Carlos Trujillo

Poema (1), (2), (3)

Orlando Rossardi

Déjà vu, Me acuerdo de mí

Felipe Pichardo Moya

Ruptura, La amiga muerta, La garza

Oswaldo Roses

Siempre estás lejos, Si no te nombro, La garza

Rolando Morelli

Poema I, II, III, IV

Dulce María Loynaz

 

 

Isla

 

RODEADA de mar por todas partes,

soy isla asida al tallo de los vientos…

Nadie escucha mi voz si rezo o grito:

Puedo volar o hundirme… Puedo, a veces,

morder mi cola en signo de Infinito.

Soy tierra desgajándose… Hay momentos

en que el agua me ciega y me acobarda,

en que el agua es la muerte donde floto…

Pero abierta a mareas y a ciclones,

hinco en el mar raíz de pecho roto.

 

Crezco del mar y muero de él… Me alzo

¡para volverme en nudos desatados…!

¡Me come un mar abatido por las alas

de arcángeles sin cielo, naufragados!

 

 

La hora

 

Si crees que ya es hora

despiértame del sueño en que te sueño,

corta el hilo

desovillado por un ciego

que nada unió ni sujetó.

 

Si crees que ya es hora

no te detenga el raso de la tarde

ni la lluvia cayendo en la alta noche,

ni la flor por cuajar ni la cuajada.

 

Si crees que ya es hora

toma mi corazón tan vanamente

aposentado y échalo a volar…

 

No será menos, creo yo, que el viento

o el ave que te canta en cada rama.

 

 

 

Miel imprevista

 

VOLVIÓ la abeja a mi rosal.

Le dije:

—Es tarde para mieles; aún me dura

el invierno.

Volvió la abeja…

…Elije

—le dije— otra dulzura, otra frescura

inocente…

(Era la abeja obscura

y se obstinaba en la corola hueca…)

¡Clavó su sed sobre la rosa seca…!

 

Y se fue cargada de dulzura…

 

 

 

 

SONETO

 

QUIERE el Amor Feliz —el que se posa

poco…— arrancar un verso al alma oscura:

¿Cuándo la miel necesitó dulzura?

¿Quién esencia de pomo echa en la rosa?

 

Quédese en hojarasca temblorosa

lo que no pudo ser fruta madura:

No se rima la dicha: se asegura

desnuda de palabras, se reposa…

 

Si el verso es sombra, ¿qué hace con el mío

la luz?... Si es luz…, ¿la luz por qué lo

extraña?

¡Quien besar puede, bese y deje el frío

 

símbolo, el beso escrito!... ¡En la maraña

del mapa no está el agua azul del río,

ni se apoya en su nombre la montaña!…

 

 

El madrigal de la muchacha coja

 

ERA coja la niña

Y aquélla

Su cojera

era

como un ondulamiento

de viento

en un trigal…

 

Era coja la doncella,

trazaba eses de plata sobre el viento,

hecha a no sé qué curva sideral…

 

Cristal quebrado era la niña… Mella

de rosas, por el pie quebrada

(¡y sin cristal que la tuviera alzada!...):

una rosa cortada

que cae al suelo y que el que pasa huella.

 

La niña cojeaba

y su cojera en una sonrisa recataba

sin acritud de llanto ni querella:

Como la noche sella

su honda herida de luz —alba o centella—,

así sellaba

ella

la herida que en su pie se adivinaba…

 

Nadie la hallara bella;

pero había en ella

como una huella

celeste… Era coja la niña:

Se hincó el pie con la punta de una estrella.

 

 

Dulce María Loynaz (La Habana, 1902 – 1997) Publicó a los diez y siete años sus primeros poemas en La Nación, y este mismo año visitó los Estados Unidos y Europa. En 1950 publicó en El País y Excélsior sus crónicas semanales. También colaboró durante muchos años en las revistas Social, Grafos, Revista Cubana, Revista Bimestre Cubana y Orígenes así como en otras publicaciones periódicas tales como el Diario de la Marina y El Mundo.
 

Fue electa miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras en 1951, y en 1959 lo fue de la Academia Cubana de la Lengua y de la Real Academia Española de la Lengua en 1968.
 

A partir de su último libro de poesías publicado en 1959 Últimos días de una casa, se encerró a resistir en su residencia habanera del Vedado y enfrentó a pie firme la indiferencia y aún la hostilidad oficial hasta que en 1987 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura. Con posterioridad, se le concedió el premio de la crítica en 1991, pese a haberse convertido para entonces en poco menos que una desconocida del público de su país. En 1992 España le adjudicó su premio Miguel de Cervantes y a partir de entonces su nombre y su obra volvieron a mencionarse dentro y fuera de Cuba con insistencia. Antes de la entronización castrista Dulce María Loynaz había sido de las figuras literarias e intelectuales más conocidas y respetadas de Cuba, y había recibido muchos premios y reconocimientos tanto nacionales como internacionales.

Nosotros | Novedades | La revista | Creación | Catálogo | Reseñas | De película | Archivo | Contáctenos

anosotrosazul1anosotrosrojo1aarchivoazul1b1aaarchivoazul1b2