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Emilio Ballagas

Nocturno, Poema impaciente, De otro modo, Nocturno (Otro)

Dulce María Loynaz

Isla, La hora, Miel Imprevista, Soneto, El madrigal de la muchacha coja

Manuel Díaz Martínez

Balada del tiempo que vivimos, Vivir, Reino de silencio, Fábula del tiempo

María Carrillo López

Una vez a la semana

Carlos Trujillo

Poema (1), (2), (3)

Orlando Rossardi

Déjà vu, Me acuerdo de mí

Felipe Pichardo Moya

Ruptura, La amiga muerta, La garza

Oswaldo Roses

Siempre estás lejos, Si no te nombro, La garza

Rolando Morelli

Poema I, II, III, IV

Manuel Díaz Martínez

 

 

Balada del tiempo que vivimos

 

Nos gusta cantar canciones,

menos una:

la que empieza con vítores al muerto

y termina

con vítores al muerto.

No nos gusta la orquesta de los soldados.

¿Bailarás al son de los cañones,

hija mía,

al son del lanzallamas,

de la pistola?

Bailarás.

No habrá remedio.

Ponte en vela, firme

sobre la boca de hierro.

Cuando el sargento diga ahora,

empieza,

y dejarás de ser mi hija

para ser la viva, la muerta,

pobrecita, la muerta de la trenza y la naranja

seca contra el labio seco,

y muérete

para que no te maten,

mata.

 

 

Vivir

Yo no pregunto:

digo que nadie ha muerto.

Y repito:

—Soy la máquina, el gesto, la palabra,

la vida de esos curiosos personajes

que ya no cruzan conmigo las aceras

 

 

Reino de silencio

En esta fiesta soy el solitario

Está visto que no quepo

por el ojo de la aguja.

No sé trenzar.

—¿cómo son?—

los pasitos del minuet.

 

En este festival de juglares sospechosos

mi lengua está contenta de estar sola.

No soy hombre de zalemas

Ni de faire la mode.

 

Tengo, pues, ganado

mi reino de silencio.

 


Fábula del tiempo

 

El tiempo tiene los ojos de vidrio,

las orejas de cartón,

los labios de tierra.

¡Madre mía, el tiempo

no ve,

no oye,

ni habla!

El tiempo arranca las piedras de la catedral

Y derrumba los palacios.

Solo, en la noche, los grillos lo descubren

Él arrastra sus túnicas por las calles

y los viejos de las mecedoras imaginan que es la eternidad

mientras fuman.

Pero él no los ve,

no los oye,

ni les habla.

 

 

Manuel Díaz Martínez. (Cuba, 1936) Es indudablemente una de las voces poéticas más elevadas y sutiles no sólo de Cuba, sino de la lengua española actual. Hay en su poesía un aliento que no por contenido deja de conmovernos, sino precisamente lo contrario. No hay nada enfático en la poesía de este gran poeta que nos entrega con sus versos una rama de olivo como si se tratara de cualquier dádiva. (Se recomienda leer en la sección dedicada a las Reseñas una recensión acerca de la obra antológica Un caracol en su camino que recoge lo más representativo de la poesía de Díaz Martínez hasta el año 2002).

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